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sábado, 7 de junio de 2014

PROYECTO ESCOLAR: IGLESIA CERÁMICA EN PLASTILINA

Llega el fin de curso y en el caso de mi hijo el fin de ciclo de Primaria para pasar a la ESO. Casi sin darnos cuenta nuestros niños van creciendo, aprendiendo rápido nuevas habilidades y compartiendo curiosidades que nos ayudan a mantenernos con la mente más abierta a la creatividad.
Entre los proyectos de fin de curso he disfrutado mucho guiando y colaborando con mi hijo Bruno y su amigo Dani en la realización de una versión de iglesia que ha quedado a caballo "entre prerrománica y modernista". Sino juzguen ustedes mismos...


He de decir que hubo un primer intento de trabajar en barro que falleció por el camino con todo el dolor de nuestro corazón, pero como no faltan recursos pasamos al socorrido plan B: "la plastilina" con acabado endurecido con látex.
La iglesia está montada sobre un contrachapado pintado con pintura acrílica: cesped verde con florecillas.


Valorando alternativas, optamos por una versión colorista muy original y de gran utilidad para reciclar todos los restos de plastilina que vamos acumulando año tras año de diferentes proyectos. Al principio estos restos están como piedras, pero con esfuerzo y tesón y una musculatura tan potente como la de estos dos campeones, no hay masa que se resista al ablandado.
Para los más clásicos, os cuento que sobre la plastilina se puede pintar y hacer un acabado tradicional, pero yo siempre animo a la apertura.
Primero contamos con un esquema en papel para hacernos una imagen de lo que queríamos. De esa forma les ayudé y acompañé a simplificar la idea inicial, que quizás era un proyecto demasiado arriesgado (en la mente de un niño todo es posible, pero materializarlo y que se sostenga ya es otra historia).
Después, rodillo en mano, ya se pusieron a hacer placas, cortando las paredes y los tejados y marcando los relieves de ladrillos y tejas con un palillo.
Con ayuda de unos tapones cortamos las ventanas y después la puerta con un cúter, con mucho cuidado. La puerta se coloca entreabierta para dar mayor realismo.
Las placas han de tener suficiente grosor para poder montar la estructura, uniéndolas por los bordes moldeando la propia plastilina con cuidado y que se sostenga sin hundirse, tejados incluidos.
En ambos lados se incluye un pequeño banco de la contemplación.
Y en la pared trasera una preciosa fuente "con su chorrito" y todo. No digáis que le falta detalle (se consigue con sumo cuidado con silicona líquida).
Toda la estructura de plastilina toma consistencia y termina de adherirse al barnizarla con dos capas de látex (sin diluir), que además otorga un acabado con el brillo justo (el látex se consigue en sección pinturas/ferretería y se utiliza tal cual para pegar y dar consistencia o en diferentes diluciones para proteger y dar brillo a las manualidades, es blanco pero al secar queda totalmente transparente. Similar a la cola blanca y al alkil pero a mí me gusta más cómo quedan los acabados). Entre capa y capa esperamos que seque bien, a más capas más apariencia de cerámica.
Para completar el paisajismo, unos toques de arena pegada en el suelo y unas ramas de olivo en cada esquina en sus correspondientes jardineras. Las jardineras son de rollitos de papel de revista, aplastados y enroscados después sobre un palillo para conseguir forma de rueda. Los pegamos con silicona y pintamos con pintura acrílica marrón haciendo efecto tierra. Alrededor llevan unos cercos de pequeñas piedras de las que mi hijo y yo recogemos cada verano con conchas por las playas y después usamos en nuestras producciones.
El trabajo ya ha sido entregado, los protagonistas se han quedado muy contentos del resultado y la guía, ni os cuento...
Deseando que os pueda servir de ayuda en vuestras andanzas con los peques.